Mireia Gargallo

Cuando un espacio está bien resuelto, se nota: la clave del diseño de interiores que funciona.

Cuando un espacio está bien resuelto, no sabemos decir exactamente por qué, pero se nota.

Hay espacios donde entras y todo fluye.
No llaman la atención, no intentan impresionarte, pero te quedarías un rato más. Respiran calma. Te hacen sentir a gusto sin saber muy bien por qué.

Y después hay otros que, a pesar de estar “muy decorados”, cansan, agobian. Sobran cosas. Falta aire. Falta coherencia.

La diferencia no suele estar en el presupuesto ni en las tendencias. Está en cómo se ha pensado el espacio.

Un interior bien resuelto no es aquel que destaca mucho, sino aquel que funciona: la luz llega donde toca, los materiales dialogan entre ellos, las proporciones tienen sentido y cada decisión responde a una necesidad real. Todo suma, aunque no sea evidente a primera vista.

Con los años, y viniendo de proyectos donde el margen de error era prácticamente cero, he aprendido que el buen diseño es discreto. No busca protagonismo, sino que acompaña.

Me gusta entender los espacios como una extensión de las personas que lo habitan o de los usos que tienen que acoger. Escuchar antes de proponer. Leer la arquitectura existente. Respetar lo que ya hay y reforzarlo, no imponer.

La mayoría de proyectos que intervengo no parten de una idea cerrada, sino de un proceso. De observar como entra la luz a lo largo del día. De tocar los materiales. De encontrar el equilibrio entre funcionalidad, belleza y durabilidad.

No todos los interiores tienen que decir “mírame”. Algunos solo tienen que hacerte sentir bien.

Y cuando esto pasa, aunque no sepas explicarlo con palabras, se nota.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio